jueves, 31 de julio de 2014

Jornada de Lanzamiento Cabeza de Gato Edición Nº 7

 

Nuevamente llega Cabeza de Gato con las piezas de su nueva edición listas para ser armadas por todos sus lectores y lectoras. El número siete de la publicación cultural, cartagenera e independiente viene cargado con muchas sorpresas y muchas novedades:

En primer lugar se trata de nuestra primera edición totalmente a todo color. Sí, a todo color, yeah! El diseño llega completamente renovado y además con un impactante stock de fotografías e ilustraciones, muchas de ellas mostrando a Cartagena como nunca antes se había visto.

En esta ocasión el especial se titula Himnos Urbanos, un conjunto de artículos que se pasean entre la crónica pura y la ficción recreativa. Estrofas que le cantan a la urbe que hierve en la Plaza de la Trinidad, corazón de Getsemaní, epicentro de la rumba, la cultura y el turismo en Cartagena; en la habitación de un hospital, mientras una mujer toma una decisión sobre su cuerpo que le cambiará la vida; al interior del taxi que para volver a casa, deben compartir varios desconocidos en las madrugadas cartageneras; y en el cuarto de un viejo edificio donde al posar un pequeño cuadro en la punta de la lengua se abren las puertas de la percepción. Un especial para sumergirse en experiencias literarias que cada lector y lectora entonará como si fueran canciones de su propia vida.

Humor, opinión, crónica, ficción, cuento, poesía. Una edición inspirada en Cartagena, una edición que canta Himnos Urbanos.

Quedan cordialmente invitados e invitadas a acompañarnos en esta nueva aventura.

Adquiriendo su ejemplar, de inmediato se convierten en patrocinadores de nuestra próxima edición.

Nos gusta tanto este ejemplar, que no queremos un solo día de lanzamiento sino toda una jornada. Así que desde hoy y hasta el viernes 8 de agosto tendremos una agenda presentando todas las novedades. Esperamos contar con su presencia!

Pendientes de este evento y de nuestras redes sociales para que estén al tanto de todas las actividades.

Por ahora les confirmamos que la revista está disponible (desde ya, sí desde ya!) por sólo $7.000 en la Librería Ábaco. Pronto confirmaremos más puntos de venta. Además toda esta semana tendremos domicilios así que por inbox pueden solicitarla.

Así o más de papayita para disfrutar de Cabeza de Gato.

Qué dicen, nos ayudan a agotarla?

Cabeza de Gato / Edición Nº 7 / Especial Himnos Urbanos / Pensar Rompe-Cabezas / Construye realidades /

Quién quiere la suya?

Portada Cabeza de Gato Ed. 7

Contraportada Cabeza de Gato Ed. 7



lunes, 21 de julio de 2014

Cabeza de Gato en 14 Frases de pensamiento independiente



Hoy 20 de julio celebramos un poco de nuestra historia como una revista cartagenera, cultural e independiente, con 14 frases sacadas de todas nuestras ediciones que reflejan precisamente eso último, nuestro pensamiento independiente. 

Uno

“La literatura es una forma. Es por eso que ésta me preocupa tanto. A la hora de cautivar al lector, en ocasiones, el tema no es trascendental. Yo le apuesto a la estructura porque de ella depende el interés de la historia. Esto ayuda a capturar al lector, incluso con lo más cotidiano. Pasa lo mismo que con los chistes: La gracia está en cómo lo cuentas”.

Jorge Franco en entrevista para Cabeza de Gato Edición Nº1

Dos

“La paja es el elemento fundamental para entrenar una verga. Es un deporte tan complicado como la gimnasia rítmica y, por ende, debe iniciarse a temprana edad. Del vientre materno al bajo vientre de la sirvienta no hay sino un salto, pero antes está la paja. Nueve años es una buena edad para iniciar el entrenamiento”.

Efraím Medina Reyes, Instrucciones para manejarla, Especial Sexo con Seso, Cabeza de Gato Edición Nº 2

Tres

“No hay muchos ejemplos de adaptaciones al cine que superen a las novelas originales, pero El Padrino es una. Y eso se debe, en parte, a que Coppola supo serle infiel al libro cada vez que se lo pidió el instinto”.

Juan Gabriel Vázquez, El padrino está en todas partes, Especial Adictos al Popcorn, Cabeza de Gato Edición Nº 3

Cuatro

“Nunca dejes que los pequeños problemas te intranquilicen. Y convierte todos los problemas en pequeños problemas”.
René Segura, Enseñanzas del Señor Plátano, Cabeza de Gato Edición Nº4

Cinco

“La gente se casa porque le han enseñado que, a cierta edad, dicha decisión parece lógica. Sin embargo, ¿no es acaso  la lógica enemiga número uno del romance?”

Top 14 Razones para no casarse, Cabeza de Gato Edición Nº4

Seis

“Las cárceles son universidades para el crimen, un lugar donde el hombre deja salir lo peor y pierde para siempre la inocencia”.

Juan Carlos Céspedes, La colmena del infierno, Especial Espacio Público Sideral, Cabeza de Gato Nº 5

Siete

“En las discotecas de Cartagena no ponen una champeta a menos que esté muy pegada, como pasó con El chocho. Aprovecharon el boom de la canción para atraer clientes, pero no la programan con el amor de difundir la música. ”

Charles King en entrevista para Cabeza de Gato Edición Nº5

Ocho

“Hay que aprender a blindarse contra el elogio y la crítica. La crítica dañina puede desmotivar y el elogio frecuente puede producir aburguesamiento. La mejor manera de sobrevivir es tener algo de autista y refugiarse en el propio oficio”.
Alberto Salcedo Ramos en entrevista para Cabeza de Gato Edición Nº5

Nueve

“Como en todo arte, en la fotografía hay una orquestación. Un conjunto de elementos que cada fotógrafo utiliza a su manera. En mi caso la intención es sacar lo extraordinario de lo ordinario y lo ordinario de lo extraordinario; de eso se tratan mis fotos”.
Camo en entrevista para Cabeza de Gato Edición Nº5  

Diez

“Las mujeres debemos pasar de la rivalidad a la solidaridad. No nos educan para confiar en nosotras, “cui­dado con esa que es más bonita que tú, que te va a robar el novio”, esos son los temas de las telenovelas. La soli­daridad es algo nuevo para las mujeres. La construcción de lo que queremos sólo es posible desde la complicidad”.
Florence Thomas en entrevista para Cabeza de Gato Edición Nº 6

Once

“Mis manos, mis ojos y mi nariz extrañan la músi­ca. Internet me da toda la habida y por haber, pero me arrebató el objeto. Le niega a las próximas ge­neraciones la oportunidad de tener frente a sí las dimensiones de un gran disco, o reunirlos despacio y con algo de sacrificio”.
Juan de Dios Sánchez Jurado, Cuando la música era un milagro tangible, Especial Memorias del Futuro, Cabeza de Gato Edición Nº6

Doce

“Un amor sedentario produce obesidad emocional. Procure un amor viajero, de persona a persona, de lugar en lugar, y pleno de actividad física, es decir, de sexo”.
Top 14 Hagamos de nuevo el amor, Cabeza de Gato Edición Nº6

Trece

“Quedamos pocos cartageneros viviendo en el Centro. Los domingos, que son los días más solitarios, salgo a caminar y me pregunto qué será de los que ya se fueron, dónde viven en la actualidad, ¿seguirán ha­blando de beisbol y salsa? ¿Estarán con­tentos en los barrios que ahora habitan, o añorarán la magia del Centro?”
Rebeca González de León, Nos arrebataron el Centro, Especial Memorias del Futuro, Cabeza de Gato Edición Nº6

Catorce

“A veces intentaba correr a su lado, mi padre aseguraba que el ejercicio me haría vivir mucho más tiempo, pero jamás pude dar un giro entero porque el corazón se me salía por la boca y porque, además, a esa edad, no me afectaban los apremios del tiempo, la salud y la muerte”.
Erick Rodríguez Marrugo, Recuerdos de un cangrejo gigante, Especial Memorias del Futuro, Cabeza de Gato Edición Nº6




lunes, 21 de abril de 2014

En la piel de Teresa



La vuelta breve se mete en la piel de Teresa. Un relato/relfexión que describe la vida de una mulata cartagenera de clase media, en una ciudad todavía amurallada por los prejuicios. 


 


Por: Carolina Castro del Río

     Teresa es una joven de Cartagena, criada en uno de los barrios de esa ciudad desconocido por el resto del país, al carecer de atracciones turísticas y porque sus habitantes no están muriéndose de hambre. Tiene todos los rasgos de una afro­descendiente: pelo crespo, piel oscura, cade­ras anchas, cintura delgada, trasero grande, nariz chata; sin embargo, ella, al mirarse al es­pejo, prefiere ver otra cosa.

De niña no le gustaba ir al colegio. Tenía una compañerita que cada día, durante toda la primaria, le repitió: “tienes el pelo como un bombril”. Más de veinte veces suspendieron a Teresa por intentar defenderse de los insultos de aquella niña.

Para el bachillerato su padre logró meterla en un colegio de monjas. La directora de la institución, de origen Alemán, pese a dedicar su vida al Señor, parecía prima hermana de Hitler. No estaba acostumbraba a tener afro­descendientes entre sus estudiantes. Recibió a Teresa porque su padre se comprometió a pagar puntualmente, lo que no salvó a Teresa de recibir un trato, digamos, especial. Todos los días, antes de clase, debía charlar con la madre superiora acerca de su imagen. No im­portaba cuán impecable fuera su presentación, para la madre superiora nunca era suficiente, y la obligaba a rezar no sé cuántos Padre Nues­tro, y hacer mil planas, repitiendo, “debo lustrar mis zapatos, peinarme el cabello, planchar mi uniforme”. No sé si los insultos o los maltratos continuos de las monjas influyeron en la forma de verse a sí misma, pero a Teresa no le gusta que la llamen negra, lo considera una ofensa. Para describirse o describir a su familia, pre­fiere otras palabras, “morenitos” o “trigueñitos”, como queriendo atenuar su realidad étnica.

Hoy día, Teresa asiste a una universidad privada. Sus padres pagan el semestre con esfuerzo. Habría podido optar por alguna beca destinada a afrodescendientes, pero piensa que hay gente con la piel más oscura que nece­sitará esa beca más que ella. En la universidad Teresa también es objeto de discriminación. Todavía en Cartagena la extracción social y el color de piel pueden jugar en contra de una persona.

Su madre le insinúa que ya es hora de conseguir novio. Le ha dejado claro que si conquista un blanquito pelo liso, mejor.


Quisiera entender a Teresa, entender por qué se avergüenza de su raza, como si repre­sentara una maldición. Quisiera que al mirarse al espejo se sintiera orgullosa de su estampa y recordara que también le incumbe reclamar los derechos que a su estirpe le fueron negados por siglos. Sin embargo, ella prefiere pensar en Robertico, un compañero de clase que le gusta. Un muchacho de piel clara, que vive en un barrio “bien” y que le hace ojitos. El candidato perfecto para contentar a su mamá y, según cree Teresa, lograr que sus compa­ñeros de facultad por fin dejen de mirarla raro.

viernes, 18 de abril de 2014

La Tierra sin Gabo


Por: Juan de Dios Sánchez Jurado

    Me entero de la muerte de Gabo a través de la radio. Una cosa rarísima. Enterarse del mundo a estas alturas del 4G a través de la radio. Me encontraba en Playa Blanca, Barú, uno de esos paraísos (todavía) donde el único servicio público es el mar. En una isla sin agua potable, sin electricidad, con poquísima señal de celular y ninguna de internet, la noticia de la muerte de Gabo me encontró a través del único medio disponible: La radio. 

Salía de Playa Blanca en el carro de una de mis mejores amigas, un vehículo en el que nunca se enciende la radio, pues el aparato sólo se usa para reproducir música desde una memoria USB. Nos disponíamos a regresar a Cartagena luego de dos días en la isla, cuando tras discutir un poco acerca de su selección musical, le pedí a mi amiga que mejor sintonizara la radio. Buscamos la señal de Radiónica y ahí estaba Tato Cepeda, leyendo un fragmento de Cien años de Soledad. Inicialmente pensé que se trataba de algún especial acerca de la obra, como varios que se habían hecho por esas fechas, desde el reciente cumpleaños del autor. Sin embargo, al terminar el fragmento, Tato lamentó la muerte de Gabo, que acababa de ocurrí ese 17 de abril, a las dos de la tarde de un jueves santo, en Ciudad de México. 

Los puñetazos de peso pesado que propinaba el sol se ensombrecieron ante la gran tristeza y el desamparo que me produjo la noticia. Mientras estaba en una isla, desconectado del mundo, el mundo se había quedado sin uno de sus más grandes escritores, mi favorito. Me sentí como un astronauta que luego de varios meses en el espacio, totalmente desconectado de noticias, volvería a la Tierra para encontrarse con un planeta totalmente distinto, la Tierra in Gabo.

Tendría 15 años cuando empecé a leer al Nobel. “El Coronel no tiene quien le escriba” fue nuestro primer acercamiento. Leer el último renglón de su última página, tan literalmente visceral, fue el knock out metafísico que marcó un antes y un después en mi vida, pasar de la edad de la inocencia al uso de razón literario.

Gabo fue mi primera compañía literaria de verdad, mi maestro de lectura y escritura. Después de El Coronel no pude parar hasta leer el último de sus títulos. Su relación de orfebre con la palabra, su relación de sastre con la palabra, su majestuosa carpintería con la palabra, sembraron en mí las ganas de incursionar también en esa venerable labor de artesanía.

Gabo será mi compañía literaria siempre. Gran parte de la manera en la que me aproximo al mundo para luego traducirlo en palabras se la debo a sus libros. Esta costumbre de tratar de fijarme en todo con asombro, de desear un registro de los pequeños detalles como grandes experiencias estéticas, esa noble manía de exagerar un poco la realidad para subirla al peldaño de la poesía, se la debo a la lectura de sus 11 novelas y 38 cuentos publicados; una pócima con el efecto, inevitable e incurable, de hacer del lector un admirador del mundo con invariables ojos de enamorado.

Haber nacido en Cartagena, vivir en Cartagena, nunca fue lo mismo luego de leer El amor en los tiempos del cólera o Del amor y otros demonios. Cómo no desarrollar una relación más sensible con la historia humana y monumental de la tan llamada Heroica, luego de visitarla en las páginas de mis libros favoritos. Cartagena se me transformó entonces de hermosa y problemática, a hermosa, problemática y mitológica por cuenta del artista que mejor pudiera inmortalizarla.

En este oficio de escribir en el que uno mismo escoge sus padres literarios, yo tuve la suerte de encontrar uno muy cercano, nacido en el Caribe colombiano como yo, con una infancia bajo el sol y bordeada por el mar como la mía, llena de historias de abuelos rurales como la mía, en últimas, tan costeño como yo y con una manera de escribir y de relacionarse con sus lectores tan amorosa, que antes de tener cédula de ciudadanía, me convencieron de que algún día yo podría ser tan genial como él.

Ahora son 24 veces 60 minutos desde la noticia de su partida. Un tiempo que me ha servido para, en medio de la tristeza y el desamparo inicial, darme cuenta de una gran fortuna, las paternidades literarias no admiten orfandad. Los de mayor estatura en el arte de la palabra, a pesar de la muerte, no abandonan a sus hijos, simplemente los delegan a la custodia de sus obras. Y qué buena fortuna, otra vez, que se trate de una obra que no caducará jamás. Quienes compartimos el cariño filial por el fundador de Macondo tenemos entonces una garantía: La Tierra sin Gabo no será un lugar demasiado solitario, pues en ella permanecerá el legado multidisciplinar de un hombre que desde ayer empezó a hacerse vivo entre los inolvidables.